Poema Promesa… en la música y voz de Andrés Fernández

Mi poema Promesa, en la voz y la musica de Andres Fernandez (Buenos Aires)

Poetario

Ver la entrada original


Pájaro de aire, de Pastor Aguiar

Pájaro de aire.


Cuento de Oscar Luis Aranda (Argentina) – Cuando sopla el Chorrillero

 

Cuando sopla el Chorrillero.


Los versos del Abedul

 

 

I

 

 

 

De la herida vengo, de cada gota

 

derramada en la tierra de los fuertes.

 

 

 

Desde la hierba crezco

 

hasta ser abedul, tántrico y sublime

 

de tus colinas.

 

 

 

Sólo mi piel, como un vestido estival

 

para tus manos

 

te oye y se deshace voluptuosa

 

cuando amaneces verso.

 

 

 

 

 

II

 

 

 

Se quebraron los cielos de pronto

 

y la sombra  que traigo en mis manos

 

se estrelló  sin sus  alas, en tierra.

 

 

 

¿Dónde  estabas, sinsonte que trinas

 

desde los campanarios?

 

¿Dónde, raíz  desatada a los vientos?

 

 

 

Es tu lengua un oasis que fluye

 

con sed implacable

 

un bastión con hogueras de gozo

 

y vocación de Orfeo.

 

 

 

III

 

 

 

Es que entre tú y yo,

 

se acabaron las puertas

 

no hay  cristales con lluvia

 

las paredes levitan

 

nuestros pies han huido del piso.

 

 

 

Ante ti, y abrazada a tus plantas

 

la noche se suelta el cabello

 

se esconden los búhos

 

una densa neblina nos cubre

 

de los ojos del tigre

 

y consumo tu Verbo, despacio.

 

 

 

 

 

IV

 

 

 

Si el asombro tuviera alas y deseos

 

llevaría tu nombre en el pico.

 

Me desnudo.

 

Eres santo y demonio que en ciernes

 

otea mi rastro.

 

Te desnudo.

 

Soy la hembra del sol y el estío

 

me cubre los párpados.

 

Hoy declaro ser aguas, espumas

 

lamiendo tus piedras,

 

caricia bajando, sin prisa.

 

 

 

 

 

V

 

 

 

No hay palabra que falte a su cita. Ni silencio

 

que devele tu aroma en el aire.

 

Me alcanzaste en un paso.

 

Me sellaste en tu piel con la furia

 

de un verso de fragua,

 

animales de dura contienda

 

rodando en la nieve del mundo,

 

el de arriba somete,

 

el de abajo suplica

 

y la luna que vira su rostro

 

y se muerde los labios.

 

 

 

 

 

VI

 

 

 

¡Quién pudiera atrapar tu sonrisa!

 

En un tálamo blanco te sueño.

 

Mi cintura que tiembla

 

se ha hecho parca deseando  tu boca.

 

 

 

Soy leona que anda al ocaso

 

en su larga penumbra,

 

un puñado de abiertas vocales

 

que siente tu trazo.

 

¿Dónde estabas, mi rayo de luna

 

la noche fatal  de los  vientos

 

cuando el  frío arreciaba  y gemían

 

por ti, mis campanas?

 

 

 

 

 

VII

 

 

 

Soy un rascacielos hoy

 

Y ayer, era esa aldea polvorienta

 

en la mente afiebrada del beduino.

 

Un pájaro temiéndole al cielo,

 

un viejo mercader preocupado por su bolsa.

 

 

 

Hoy me habita tu nombre estatutario

 

tus besos dictadores,

 

el camino brioso de cien dedos

 

por ese  surco que abre tu mirada.

 

 

 

Siémbrame como tierra que suspira

 

por  ese embate de gracia, árame

 

muele entre tus dedos

 

este terrón de soledad, partido.

 

 

 

Hazme desde el grano que se quiebra

 

hasta emerger desnudo y suplicante

 

raíz que se enreda gloriosa en tus columnas

 

y se revela a tus ojos, como el alba.

 

 

 

Tálame desde la espesa fronda de tus noches

 

floréceme  a la hora de la siesta

 

y  cosecha de mí, bajo la sombra

 

todo el grano que entre en tus lagares.

 

 

 

Pues,  harina seré sin artilugios

 

masa que leuda genuina y multiplica

 

entre tus manos, ante tus ojos

 

para que huelas la vida cuando pasa,

 

y sepas ciertamente que nunca morirás.

 

 

 

 

 

 

 

VIII

 

 

 

Verso perpetuo y lengua de tormentas

 

me lleva en brazos.

 

 

 

Con hojas de abedul entre mi pelo

 

preñada  en luz,  para ti vivo.

 

Y el día, que amaneció de pronto

 

boquiabierto  enciende sus candiles.

 

 

 

Verso que de valiente intenta

 

erguirse entre dos ejércitos

 

y ofrecer su pecho de paloma.

 

 

 

Es un hijo que nace entre los dedos

 

cuya paternidad  reclaman los mares

 

cada vez que rompen sus espumas.

 

 

Jeniffer Moore

http://www.poetario.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Poema Promesa… en la música y voz de Andrés Fernández


Pasando Pasa… uno de mis poemas, musicalizado por el artista argentino Andrés Fernández.


Bre-vehemente

www.DesktopNexus.com

I

Busca dentro de ti

que el alba llega

como llega la hora y el suplicio.

Hay un fuego vehemente en tu mirada

que no se rendirá.

Y yo, en el muro

junto al zorzal, el ficus

y este  jazmín que espera,

extenderé mis alas y mi sombra.

 

 

II

 

El tiempo pasa

quitándole las  hojas

a este libro de piel

que se desea tuyo.

Por eso,  mira

llena tus ojos jíbaros

del tango entre mis piernas

que el tiempo pasa

y mis labios palpitan

a punto de cosecha.

 

 

III

 

Hoy es día de lluvia, amor

y lluevo con el día

y me derramo azul, sin horizonte.

Busco lo que no existe, quizás

mientras la lluvia  limpia las heridas.

Te veo en el cristal de la ventana

perfil de espumas

señalando el faro de tu boca.

Al fin, me digo:

es sólo un hombre,

otro, que va buscando su reflejo.

Y sin embargo

no puedo desprenderme de tus ojos

del calor de tu mano, ni tu sombra.

 

Y por instinto sigo

un paso más, razón adentro

a brújula perdida,

un paso más, amor

que llueve tanto…

 

IV

 

¿Quién no tiene en su aljaba

cuervos dormidos,

inexplicables

como un beso lejano?

 

Yo ando, a veces,

con resplandor de lunas

en mi ceguera,

por heroísmo de vivir en vida

inmune a  las tormentas.

 

Tu hambre es alimento

sobre mi torpe mano

y  apenas digo

eso, que tantos saben

calladamente.

 

V

Dame tu soledad, aquí en mi pecho

de soledad henchido.

 

Y apura el paso

cruzando  oscuridades,

que  acariciar el lomo de la noche

es  mendigar

a  la mano de los tristes.

 

VI

Tierra fecunda soy, húmedo Virgo

propensa al verde y las raíces.

Me copulan el aire, el fuego,

la risa de las aguas rompiendo espumas.

Eterna observadora de celajes rosados

y brumas sempiternas.

Nacida  fui,  para el bosque de tus ojos,

para el rocío de tu boca cuando anochece.

 

.

VII

 

Cual  zarpazo de tigre

a mitad de las sombras,

caí bajo el influjo de tu hechizo.

Y ahora,  ando errante

por la ciudad en celo,

con tu nombre en la boca

golpeando las ventanas,

con un trago de luna

que me embriaga la lengua

y se empoza en mis sienes,

como un presagio,

como ese  águila

lenta, posándose

de par en par, sus alas

sobre  tu mano.

 

Jeniffer Moore

http://www.poetario.blogspot.com

jeniffer_moore@hotmail.com