Archivo mensual: noviembre 2010

Latido de sinsonte

Porque conozco ese latido de sinsonte

que ha encontrado en el aire su refugio,

es que te nombro y muero.

Y mi muerte, caudal incontenible

a veces, sangra en las manos

malheridas de  ausencias.

A dónde se habrán ido aquellas  lunas

que en medio de la noche nos seguían

boquiabiertas de asombro.

Se han perdido tu hambre y mis planetas

y sin órbita giro y me confundo

en la espuma pueril de aquellas voces.

Pues no he sido capaz de ser espada

sino arco cansado y destruido

que explota fantasmal contra mi pecho.

 

Jeniffer Moore

 

 


Veleidades

I

Porque no puedo apagarte

es que te encierro

entre  mi piel

y el cristal de la ventana.

Porque no puedo vencerte

me ha dado sus puñales, la sequia.

Sé que estás aguardando una tormenta

que aún no he dicho.

Es que mi lengua de vientos  en el yermo

ya no quiere

descansar en la cuna de otros labios.

 

II

Seca

como la sonrisa triunfal

de los difuntos.

Oscura

como la furia del sueño

sobre las arenas de la memoria.

Así, aguardo la caricia.

No sé  si el crepúsculo advierta

el peso de las sombras,

pero tu mano sabe

encontrarme despacio

si me pierdo.

 

III

 

Siento tu  gloria cual vestido

que se ha pegado a mi estampa

como el fuego.

Ardo y la lluvia

con sus pájaros y árboles callados

no viene  a rescatarme.

Te alejas

y la calle mojada te recibe.

La noche  esconde en sus bolsillos

esas  manos manchadas con  espera.

Guardo,  como un pirata

los restos de algún instante tembloroso.

Y   volverás  por eso.

 

JENIFFER MOORE

 


Noviembre en la Bahía

I

Las aguas del deseo nos vencieron.

Sobre la piel,  el beso oculto.

Una centuria de esperas te empujaron

y retuvieron mis manos y mi sangre.

He oído  la barca en la bahía,

la inútil advertencia de la espuma,

el grito de un sueño largo e infiel

que nos socava.

II

Juegas de nuevo este ajedrez sin jaque

urgido por el rey que se alojó en tus venas

y un plenilunio de otoño te provoca.

Si el abrazo se ha tornado necesario

entonces

haz la jugada fatal de los regresos

al cuadro aquel en que la muerte nuestra

no fue tuya ni mía

sino  burla de arcángeles y diablos.

III

Vuelve

tu boca-templo donde me ocultaba

celebrando  el estallido de los campos

en  las ventanillas de los autobuses.

Y  tu mirada

irremediablemente altiva

hurtándome la vida en cada beso.

IV

Los poetas mienten

con insolencia

con intención

con absoluta crueldad

y  sin alguna razón que los redima.

Por eso,  mide

como serpiente ante la incauta presa

cada centímetro que extiendas tu regreso.

V

Tú lo sabes.

El precio de soñar no está en oferta.

VI

Me duele la palabra si te nombro

pues  desterré tus besos, tu risa

cada gesto hacia  el olvido.

Y observé impávida

el vuelo aterrador de las palomas

en el último abrazo.

VII

No es conveniente desandar camino

donde hay yermo y espinas.

Bebo la copa de un viñedo rojo

cuyo placer me enciende.

No es conveniente desandar camino

porque estos mares

son amantes azules que me abrevan.

VIII

Ya lo he dicho todo.

Ahora no sabrás que tengo un ave

en mi lengua,  dormida.

Y  a solas,  canta.

IX

Hay un resquicio de arenas y corales

que he dejado  en la suela del zapato

para que sepas

que a pesar de la complicidad del tiempo

no puedo huir del mar y las gaviotas.

X

Y entonces callo.

En la elocuencia no habita el beso que deseo,

no sobrevive la caricia

y el amor no hace nido en las palabras.

Jeniffer Moore (1958)  Argentina

http://www.sanesociety.org/es/jeniffer


Poetario

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